viernes, 13 de enero de 2017

Primera visión de este sociológo


Para ser una primera visión me resulta un tanto difícil expresarme puesto que son muchas cosas las que he vivido desde que tengo uso de razón. Pero quiero tener un orden para que esto no se convierta en un absoluto desorden. Así que haré daré una breve opinión sobre lo que viví en un 2016, donde todo cambio, no solo para mí sino para un país entero.

Son muchos los acontecimientos que me ocurrieron el año pasado que me llevaron a considerar que la forma de hacer política en Venezuela no es más que un circo (de más de 200 años) y que debía abandonar mi tan fuerte forma apolítica de vivir el presente. Este cambio de visión se dio por tener la oportunidad de vivir la experiencia de estar en los lugares de Venezuela donde se siente en la piel la dura realidad de un país dividido, que olvida lo rural y que ahí también hay personas que luchan día a día. El Oriente de mi país es una zona olvidada, llena de Pueblos Tristes (como esa hermosa y tan realista canción de Otilio Galíndez), donde en lo profundo de Delta Amacuro vi la consecuencia de este olvido puede ser un completo hastío de la vida, que genera la improductividad, y no por causas del medio ambiente como suponía Comte, sino debido a que dentro de las garantías que debe ofrecer el Estado, este no provee los servicios básicos y simplemente la gente dejo de esperar por vivir y simplemente buscó las maneras de sobrevivir.

Luego, también en el Oriente, en el Estado Monagas conocí gente maravillosa que inspiran a luchar pero que su ancla, su cable a  tierra se encuentra sumergida en la mitificación, en que "Vallita vuelva a pasar por las calles de mi pueblo" (sin querer ofender con esto a nadie). Así es como me doy cuenta que el desencantamiento del mundo que Weber comenta en su Ética Protestante y el Espíritu del Capitalismo es algo que no consigue penetrar las tierras rurales de un país que, por un lado ha tratado de llevar el proyecto modernizador a las grandes ciudades y los polos de atracción económica, y, por otro, como ya dije anteriormente, deja en el olvido un vasto territorio, con pueblitos que seguirán siendo cuasifeudales en el aspecto de que sus habitantes pueden nacer y morir allí. Y no son solo estas realidades las que pueden ayudar a despertar del letargo en que se pueden encontrar muchos, sino también pueden encontrar estas realidades en el resto de la geografía nacional.

El otro motivo que me hace despertar y tratar de encontrar la formar verdadera, la forma bella, de hacer política esta en la gran decepción que me ha conllevado empezar a conocer la historia de mi país, la historia que no se enseña en el Colegio. La democracia es en realidad lo que menos se ha ejercido en el país, tenemos muchos caudillos en nuestra historia, en fin mas que construir un país se ha buscado, por parte de los ¿políticos? es obtener y, la clave de todo este desastre, mantener el poder. Además que estoy viviendo una especia de tormenta de las cúpulas de los partidos en Venezuela donde ellos son los que luchan por ostentar el Palacio de Miraflores (deseo casi orgásmico) y no ven que en su lucha van dejando ruinas y pueblo que esta muy herido ya por tantas calamidades.

Parece que estoy pintando un cuadro solo con grises, muy oscuro y que parece no tener salida. En verdad no hay una solución inmediata para todo esto, es un problema que tiene casi el mismo tiempo que Venezuela como República, sin querer hacer de esto algo exclusivamente historicista. Pero ahí es donde nace las ganas de trabajar y cambiar esto. Mariano Picón Salas en su discurso de ingreso a la academia nacional de historia acusaba que la historia de Venezuela se encargo de hacer de este un construcción solo desde el punto de vista militar, ahí invito a los demás miembros a hacer historia desde lo civil, desde lo que puede llagar a caracterizar a Venezuela que no sea militar o caudillista. Por esto me propongo tratar de hacer política y construir una sociedad civil, algo que no siempre esta claro, y la idea es definirlo y construirlo.